Me siento hipócrite de haber exigido en el pasado
que lxs otrxs supieran lo que querían,
cuando yo tampoco lo sabía,
pero lo salvaba con esa lista irrisoria de requisitos.
Requisitos que terminaba pasándome por el culo
si ponían el mínimo interés en mí,
o ni el mínimo,
para ver quién ganaba:
yo o esa persona interesada.
Ahora veo eso como injusto, supongo,
que la competencia no fuera con otras personas,
si no conmigo, la mayor desventaja para ellxs,
porque siempre iba a elegirme a mí.
Era una apuesta para cuánto tiempo
me tomaba en hacerlo.
Inevitable pérdida de tiempo mutua.
Incompatibilidad continua.
En algún momento me cansé,
ya sabía el resultado,
la respuesta a mi pregunta.
Hasta que cambié o se cambió la pregunta.
Ahora no sé cuál es la pregunta;
esa incertidumbre me moviliza,
me tranquiliza,
sé que parte de la respuesta sigo siendo yo.
Ahora hay espacio para lxs demás,
realmente, siempre lo hubo.
Ahora, más que nunca,
mi brillo es para compartir,
no para opacar ni complacer.
